Una pequeña música nocturna

Charlo con Inne sobre estas fotos por mail; el último mensaje viene con links que cliqueo todos a la vez, y entonces accidentalmente se fabrica un mashup casero: Eine kleine Nachtmusik, de Mozart, con Bodysnatchers, de Radiohead.
Algo así pasa también en estas fotos: la noche, con su disfraz de percepción adulterada, mezcla unos planos oscuros, cargados de incertidumbre visual, con la delicada filigrana que hace la luz alógena en los bordes de las cosas. Planos, encajes, flores de Santa Rita y botella de Schneider, a los pies de una princesa de la noche, que agarra con los dientes su cartera para no perder de vista los pesos que comprarán la próxima cerveza santafesina.

Bien, volvamos a la luz: excepto por ese retrato un poquitín torcido, irrespetuoso, de la luna y su reflejo en el Paraná, todo lo demás es foco de 40, linterna, reflector. La noche es un problema para toda lente, una pesadilla para el cine, y un sueño con final más o menos feliz para los fotógrafos. A la luz nocturna se la debe esperar como quien caza un bicho con una trampa de hilos; no se le puede disparar un tiro certero, a menos que la luz provenga ella misma de la cámara-ojo. En esta serie de imágenes gana la primera estrategia, hecha de paciencia y obsesión: el grupo está charlando, cuidando el asado, poniendo una espiral para los mosquitos, o fumando en el balcón, pero en ese transcurrir la cazadora-recolectora está mirando los movimientos casi imperceptibles del próximo animal que caerá en la red.

Entonces se hace silencio, y otras voces empiezan a tararear sus melodías suaves: el musgo de una pared, el verde gelatinoso de una hoja, los relieves pálidos de un muro de ladrillos, la membrana de un techo que se vuelve azul, y el trocito de naranja que nos indica que allá abajo, en una esquina, está la entrada al hogar. Al entrar por esa puerta, la luz invadirá todo, construyendo un volumen tranquilizador para cada objeto y cada rostro; una vez adentro, se van a disipar todas las dudas, todos los miedos. Pero aún no llegamos hasta esa puerta y estamos en la noche, y quizás estemos a tiempo de comprender que la intemperie nos acompaña a todas partes. Así que mejor nos ponemos un pullover, tomamos otro trago y nos quedamos de este lado, habitando la oscuridad y su música, hasta que caiga la próxima presa.

Leticia El Halli Obeid, Buenos Aires, octubre 2009.

Nachtmusik fué expuesta en PhotoEspaña-Trasatlántica, 2010.

               
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